Dulce Muro


Quizá se deba a su forma no convencional o a que sustituyó a otra fuente que sí les gustaba mucho a los habitantes de la colonia Chapalita (y que le dio el nombre a la nueva); tal vez sólo sea otra muestra de que los tapatíos no nos adaptamos bien a los cambios.


Lo cierto es que desde su construcción en 1970, la Fuente de la Hermana Agua, creada por el arquitecto Fernando González Gortázar, sólo ha sido acreedora de esceptismos y críticas, situación que alguna vez el también creador de La Gran Puerta (la estructura amarilla del parque amarillo) describió como el inicio de  una  historia de injurias y agresiones interminables hacia su obra.


La estructura hecha con bloques de concreto se localiza sobre la avenida López Mateos en su cruce con la avenida de Las Rosas y no sólo se ha enfrentado a la constate falta de aceptación por los ciudadanos, sino a obstáculos tales como su abandono y descuido, pues hay ocasiones en que, irónicamente,  la fuente puede durar sin una gota de agua por largas temporadas.


Pero a pesar de sus detractores, no hay duda de que la fuente es parte tanto de los íconos de la ciudad, como de la gran obra del visionario arquitecto, que a lo largo de los años que vivió aquí, le dejó tanto a una Guadalajara que no supo corresponderle.


González Gortázar es responsable de obras como la Torre de los Cubos, la mencionada Gran Puerta, el ingreso al parque González Gallo y el Centro Universitario de Los Altos, de la Universidad de Guadalajara, entre otras.


Es innegable que la obra de Gortázar es imprescindible para conocer una etapa de la ciudad, que le apostó a una arquitectura arriesgada y poco convencional, que como era de esperarse, no gustó a una gran parte de la ciudadanía, pero que sí marcó la pauta para una nueva perspectiva de la ciudad.