La mayoría del tiempo transitamos por calles con nombres de personas que sabemos debieron ser importantes tan solo por el hecho de que amerita nombrar así una parte de nuestra ciudad. Pero casi nunca nos ponemos a investigar más sobre estos personajes, es por eso que te traemos la interesante historia de Jesús García.


 


Jesús García era originario de Hermosillo. En busca de un futuro mejor, su familia se trasladó a Nacozari, donde, integrándose a la vida de las poblaciones mineras, era seguro tener trabajo y sustento.


 


Con 17 años cumplidos, el joven Jesús fue a pedir trabajo a la oficina ferroviaria de Nacozari. Le dieron empleo de aguador. En el curso de tres años, lo ascendieron en la medida en que demostró su seriedad y sus méritos. Así, pronto estuvo haciendo mantenimiento de vías. Luego, lo convirtieron en controlador de frenos y después en bombero. En 1901, con veinte años, ya tenía las habilidades como para ocupar el puesto de ingeniero de máquinas, a pesar de no tener estudios formales.


 


García tenía fama de buen empleado. En 1904, junto con otros siete compañeros de distintas áreas de la empresa minera, recibió un premio: un viaje con gastos pagados a San Luis, Missouri, en Estados Unidos. Tenía veintitrés años y un futuro que se antojaba prometedor. Seguiría ascendiendo en la empresa, tendría su propia familia, vería crecer a sus hijos, y, muy probablemente, algunos de ellos entrarían a laborar en alguna área de la compañía. Pero un momento de decisión borró ese sueño.


 


Aún no cumplía los 26 años. El 7 de noviembre se dispuso a efectuar el trabajo que, por enfermedad, su compañero, el alemán Albert, no podría hacer aquel día. La tarea del día, bien mirada, era razonable y hasta cómoda. Se trataba de hacer tres viajes de Nacozari a la mina de Pilares. Era un trayecto más bien corto, sin complicaciones. Pero en una cadena de errores se construyó el escenario de la tragedia.


Las locomotoras movidas a base de carbón generan chispas y, como medida esencial de seguridad, se tenía un contenedor que evitaba que, al saltar, las chispas fueran causa de incendios. Pero aquel día de noviembre, la pieza no estaba en buenas condiciones.


El primer viaje de la jornada se hizo sin complicaciones. Durante el regreso, un empleado abordó el tren a la altura de un caserío conocido como El Seis, donde vivían empleados de las vías. El hombre le explicó a Jesús que había necesidad de trasladar algunas toneladas de dinamita a la mina. Entonces ocurrió el error fatal: los furgones con la dinamita quedaron contiguos a la locomotora. La anécdota cuenta que, mientras se cargaba el tren con los explosivos, Jesús aprovechó para hacer una breve visita a su madre. Después, se dijo que la mujer tuvo un “mal presentimiento” sobre su hijo.


Arrancó Jesús la locomotora. Debido al viento, las chispas saltaron a los furgones con explosivos, y se desató un incendio. Todo se volvió un caos de gritos, ahogados por el estruendo del tren, que, en marcha, aún no salía del pueblo.


La historia cuenta que Jesús alcanzó a escuchar el grito de alarma de un obrero: ¡había fuego en los furgones! Los compañeros del maquinista le gritaban que se detuviera, que, frenada la locomotora, entre todos podrían apagar el incendio. Pero, ¿acaso había tiempo? Y lo peor: ¿había a la mano agua suficiente para sofocar el fuego?


El viento avivó el fuego; era cosa de segundos una explosión de tremendas proporciones. Entonces Jesús tomó la decisión: avanzaría con el tren hacia campo abierto, donde la explosión no matara gente: aumentó la velocidad, les gritó a sus compañeros que saltaran del convoy. Se quedó solo.


Eran las 2 de la tarde con 20 minutos. Se dice que la onda expansiva de la explosión cimbró a Nacozari entero; los cristales de las ventanas se quebraron, las casas se sacudieron como en un temblor de tierra. La locomotora quedó destrozada y Jesús murió en el acto. Con él, trece personas más, habitantes de El Seis, perdieron la vida. Pero Nacozari y con él toda su población, se había salvado.


 


Es así como una decisión terminó con su vida, pero dejo en la memoria al famoso “Héroe de Nacozari”